Es la segunda vez que Sol Abraham entra a la casa de Gran Hermano. La primera fue en 2011, en aquella temporada que ganó Cristian U, para muchos el mejor jugador de la historia. La otra fue ayer, cuando se declaró con toda la intención de quedarse con la edición 2026, la de la Generación Dorada. En ambas ocasiones llegó al juego soltera, pero en el medio se casó y, sin querer queriendo, protagonizó una historia increíble. Una historia que en otros tiempos, «años A», hubiera sorprendido y escandalizado a medio mundo, y que ahora todavía sorprende pero ya no llama tanto la atención. Genera algún que otro «mirá vos qué loco», pero no mucho más: quien era su marido la dejó para casarse, completamente enamorado, con el entrenador personal.
Solange Abraham está muy distinta de aquella morocha que revolucionó todo hace 15 años y que en algún momento hasta hizo temblar la hegemonía que evidentemente tenía Cristian U aquella vez, cuando se había presentado como «chef». Terminó en el quinto lugar contabilizando un encierro de 122 días. Es decir, se pasó 4 meses adentro pero no pudo superar el corte de las semifinales, que fueron integramente disputadas por hombres; el campeón Cristian U, el subcampeón Emiliano Boscatto, el tercero Martín Anchorena y el cuarto Martín Pepa.
Para ese entonces, Sol -cuyo nombre completo es Sol Gómez Abraham- estaba morocha y no se había hecho ninguna cirugía estética, lo que no le impidió llamar la atención tanto del público masculino como del femenino: todos, sin distinción, la consideraron una diosa. Ahora, en cambio, está toda «tuneada». De aquel pelo casi azabache pasó a un tono furiosamente aclarado, no amarillo ni platinado sino cerca de un castaño medio naranjón. El rostro y las lolas también se dejaron ver «hechos a mano» por los cirujanos.
La gente un poco se lo reprochó. La acusaron de haberse «tocado mucho» y algunos hasta sentenciaron que «natural le quedaba mejor». Lo que pocos sabían es la historia de Solange. La historia personal. Una historia tan llamativa como destacada. Tiempo después de salir de la Casa y de alejarse de los medios y de la tele -como le sucede a la mayoría de los que pasan por un realitie- Sol conoció a un hombre, se enamoró y decidió encarar junto a él el deseo de formar una familia.
LA INCREIBLE HISTORIA DE SOL ABRAHAM: SU MARIDO LA DEJO PARA CASARSE CON EL ENRTENADOR PERSONAL
Sol se casó con Marcelo Da Corte y juntos tuvieron una hermosa nena, Delfina, a la que cuidan con esmero, fervor y todo el cariño posible. Pero algo sucedió que la pareja tomó una distancia. Y ese algo tuvo nombre y apellido: él quiso mejorar su estética y fue al gimnasio. No sólo eso: contrató a un entrenador personal, Lautaro Marchesini, un verdadero fanático del entrenamiento, las pesas, el sacrificio, la alimentación rigurosa y sana, los ejercicios, la disciplina, subir-bajar-bajar-subir, tres de 15, el aeróbico, el funcional: alcanza con verlo para comprobar que es un número uno en el arte de trabajar el cuerpo.
Marcelo y Lautaro se empezaron a conocer en profundidad y, cuando se quisieron dar cuenta, estaban hasta las manos. No sólo querían compartir una máquina, una pesa o una rutina para sacar bíceps. Querían pasar la vida juntos. Sol entendió. Quizás le haya costado, quien sabe, pero a la corta o a la larga contra los sentimientos no se puede. Se casaron hace 13 semanas, es decir unos 3 meses y medio. Con libreta, luna de miel, convivencia y todo. Ellos también están en la Casa. En la suya. Como ella, porque como dice la canción, el sol sale para todos.
