Conductores de trenes enfrentan secuelas emocionales tras arrollamientos, un riesgo laboral reconocido que activa protocolos de apoyo psicológico.
Los maquinistas de trenes en Argentina se enfrentan a una situación compleja cuando personas o vehículos quedan sobre las vías, ya sea por imprudencia o decisión propia. Desde el puesto de mando, y debido a las limitaciones físicas para frenar una formación en corta distancia, los conductores suelen verse involucrados en incidentes con desenlace fatal, a pesar de no ser responsables del hecho inicial.
Horacio Rivadero, referente del sindicato La Fraternidad en Rosario y ex maquinista, explicó que tras un arrollamiento se inicia una causa penal por delito culposo hasta que se determinen las circunstancias. Los trenes cuentan con cámaras frontales y en cabina que registran las acciones del conductor, como el uso de la bocina, lo que aporta elementos para la investigación.
«Todos los maquinistas tienen algún arrollamiento en su haber, ya sea con personas o con vehículos. Es muy difícil frenar un tren de carga abruptamente», señaló Rivadero. La inercia también complica la detención en trenes de pasajeros, donde un frenado brusco podría causar lesiones o descarrilamientos.
Las consecuencias psicológicas para los conductores son significativas. El trastorno de estrés postraumático fue reconocido como enfermedad laboral para el sector. Tras años de reclamos gremiales, en 2009 se estableció un protocolo que incluye el relevo inmediato del maquinista tras un incidente con víctimas y su derivación a tratamiento psicológico a través de la ART, antes de un posible reintegro.
Las investigadoras María Teresa Paz Kohler y Ester Martin, autoras del libro «Verdugos inocentes: estrés postraumático en conductores de trenes», definen al maquinista en estas circunstancias como una «víctima obligada», que sufre por no haber podido evitar el daño.
Según datos del sector, la mayor frecuencia de muertes en vías, incluyendo suicidios, se registra en la Ciudad de Buenos Aires y su área metropolitana, debido a la densidad poblacional.
