El equipo rojinegro empató ante Instituto en un partido parejo y de bajo nivel. A pesar de las dificultades, los puntos obtenidos mantienen la ilusión.
No fue un gran partido. En general, el encuentro fue parejo. Instituto de Córdoba visitaba el Coloso con la necesidad de ganar para ingresar al octogonal final, aunque no se notó demasiado. Por su parte, Newell’s no supo generar juego para hilvanar situaciones de gol. Hubo voluntad y enjundia para avanzar sobre el arco rival, pero eso no es lo mismo que atacar.
Tras un primer tiempo opaco, el rojinegro se desconcentró de manera insólita. Una pelota que salió por línea de fondo y era tiro de esquina, dos jugadores leprosos la dejaron salir. Un lateral sorprendió a una defensa estática y Saúl Salcedo la empujó en contra de su arco. Minutos después, el mismo Salcedo jugó una pelota corta hacia atrás y Josué Jerónimo Reinatti tuvo que esforzarse con los pies para evitar otra caída de su valla.
En ese contexto pobre, Reinatti es un hallazgo esperanzador, al igual que Luca Regiardo. El salto de calidad en el juego lo aportan Facundo Guchy y Walter Mazzanti, aunque el domingo estuvieron algo erráticos, como todo el equipo. Podríamos agregar a Jerónimo Russo y Jerónimo Gómez Mattara al listado de destacados. Hay seguramente algunos más para rescatar, incluso alguno que aún no hemos visto. Todos pibes. A propósito: ¿qué pasa con Ian Glavinovich?
Como sea, algunos jugadores hay y ahora un técnico que deberá construir un estándar de juego básico a la altura del rojinegro. Queda por marcar, a modo de metáfora, el nuevo gol convertido por Juan Ignacio Ramírez. ¿Qué tiene en común con aquel convertido contra Unión? Que Ramírez, en ambos, no esperó la pelota, la fue a buscar. Y eso, además de un concepto, es una actitud. No es casual, es la misma actitud que ejecuta el equipo. A veces bien y otras no tanto. Pero es un punto de partida necesario y vital. Siga corriendo Ramírez, ese es el camino. La hincha del más grande del interior se lo agradece.
