Jaminton Campaz, figura de Rosario Central, superó una infancia marcada por la violencia y la pobreza en Colombia para triunfar en el fútbol, con el respaldo de su madre Betzabet y su hermano Mike.
Jaminton Campaz, una de las figuras de Rosario Central, logró seducir a los hinchas no solo por su habilidad y juego dentro del campo, sino por su simpatía. El colombiano disfruta con sus gambetas y goles, pero también entrega una alegría contagiante que conquistó los corazones canallas. Hoy vive un presente de felicidad y alegría extrema, y la aprovecha al máximo porque sabe lo que es el sacrificio, las peripecias para sobrevivir y las necesidades que tuvo en su niñez.
Su historia de vida es digna de ser contada. El Bicho nació el 24 de mayo de 2000 en Chontal de Tumaco, departamento de Nariño (Colombia). Integrante de una familia trabajadora y humilde (con siete hermanos, cuatro varones y tres mujeres), vivió en una zona plagada de conflictos, enfrentamientos armados y asesinatos de líderes sociales. La violencia fue parte de su niñez. Las necesidades para subsistir eran moneda corriente, por lo que se dedicaba a la pesca junto a su padre para conseguir algo de dinero y ayudar a su familia.
En medio de esa dura infancia, transitó un momento de mucho temor cuando una víbora lo picó y puso en riesgo su vida. Un pescador lo ayudó, le extrajo el veneno y lo salvó.
El amor por la pelota llegó de la mano de su mamá, Betzabet, quien fue arquera del equipo femenino de Tumaco y la encargada de la crianza de él y sus seis hermanos. Ese vínculo con el fútbol se lo trasladó a su hijo y lo respaldó en la búsqueda de su sueño. A la vez, también apoyó a su sobrino Yúber Quiñones, al que crió desde los 12 años para que pudiera buscar oportunidades en el fútbol, algo que también consiguió.
No todo fue fácil para el Bicho (apodo por su admiración a Cristiano Ronaldo), ya que en su arranque no logró pasar las pruebas en las inferiores de Deportivo Pasto y América de Cali. Lejos de bajar los brazos, mantuvo su entusiasmo hasta que fue aceptado en Deportes Tolima, donde inició su camino hacia el éxito. Con solo 17 años debutó en primera división y fue considerado una de las grandes promesas del fútbol colombiano.
Sus buenas actuaciones, goles y habilidad atrajeron a Gremio, que pagó alrededor de 21 millones de reales (casi 4 millones de dólares) por su pase. Luego, en 2023, llegó a préstamo a Rosario Central a pedido de Miguel Ángel Russo, y posteriormente la entidad auriazul adquirió la mitad de la ficha por 2.380.000 dólares.
Ruso supo cómo manejar al Bicho y siempre lo cobijó, por lo que el colombiano lo llamaba cariñosamente «mi pai» (mi padre). «Mi viejo, mi Pai, cómo te voy a extrañar. Qué vacíos nos dejas a los que te amamos y te queremos de verdad. Gracias por enseñarme el día a día, gracias por hacerme mejor persona, gracias por enseñarme el camino del buen fútbol y la vida», publicó Campaz tras la muerte de Miguel, quien en su último consejo le dijo: «Disfrutá mi Bichito».
Hoy, Campaz sigue aumentando su cotización de idolatría en el Canalla y su juego volvió a despertar el interés de diversos equipos, mientras en Gremio se entusiasman porque conservan la mitad de la ficha. Por lo pronto, el Bicho sigue en Rosario Central con la mente puesta en seguir haciendo historia en Arroyito, donde tiene vínculo hasta finales de 2028.
«Hace unos años no tenía ni para el bus y tenía que ir caminando desde el Jordán al lugar de entrenamiento. La luchó, la guerreó, figura en Tolima y en Rosario, y ahora va a ir al Mundial», reaccionó su hermana Bianca en redes sociales, mostrando el orgullo hacia el delantero que cumplió su sueño de futbolista.
Mike, su hermano mayor y que también tuvo una exitosa trayectoria como jugador, fue quien le marcó el camino. Cuando el Bicho tenía 8 años, trasladó su deseo de jugar al fútbol, se fue a vivir con su hermano y lo acompañaba a las prácticas. Ahí, según relataron en el entorno, no tenía dinero para el pasaje del colectivo. Mike, quien podía ayudarlo, no lo hizo con el fin de ponerlo a prueba y que luchara por lo que quería. «Camine, mijo», le decía, al igual que su propia madre. Mike dirige al equipo femenino Leonas FC y a mediados de 2024 comenzó a utilizar indumentaria con los colores de Central.
Lejos de bajar los brazos, el Bicho siguió adelante y alcanzó la meta buscada.
