A menos de un mes del cierre definitivo del proyecto comercial en el histórico edificio de Sarmiento y Córdoba, el movimiento se redujo al mínimo. Comerciantes y empleados reportan baja afluencia de público y liquidación de mercadería.
Una recorrida completa por La Favorita, el centro comercial ubicado en el edificio histórico de Sarmiento y Córdoba en Rosario, dura cada vez menos minutos. No porque el edificio sea chico, sino porque queda poco por recorrer. En los pasillos hay más vendedores que clientes, en los bares sobran las mesas vacías y la presencia de alguien que entra a caminar despierta curiosidad entre quienes todavía trabajan allí.
A menos de un mes del cierre definitivo del proyecto que buscó devolverle vida al inmueble, la sensación predominante es que el final ya empezó. El movimiento dentro del espacio se redujo a la mínima expresión. Si las ventas venían golpeadas por la caída del consumo, comerciantes y empleados aseguran que el anuncio de la finalización anticipada del proyecto profundizó una situación que ya era delicada.
La imagen contrasta con el clima que acompañó la reapertura del edificio en 2023, cuando la recuperación fue presentada como una apuesta para revitalizar uno de los inmuebles más emblemáticos del centro rosarino. La noticia del cierre no pasó inadvertida entre quienes todavía sostienen la actividad puertas adentro. Según relataron comerciantes consultados por La Capital, terminó agravando un problema que ya venía golpeando fuerte: la falta de consumo.
“Las ventas venían bajas, pero desde que empezó a hablarse del cierre vino menos gente todavía”, resumió una empleada de uno de los locales que continúan operando en el edificio. La mujer trabaja junto a otra compañera y ambas esperan ser reubicadas en otras sucursales cuando finalice la actividad. Mientras tanto, intentan sostener las ventas con mercadería de outlet y productos de menor precio. Las promociones y descuentos aparecen en varias vidrieras, pero el flujo de público es muy distante del que imaginaron los comerciantes cuando desembarcaron en el proyecto.
Entre comerciantes y trabajadores coinciden en que el cierre no explica por sí solo la crisis de La Favorita, sino que la aceleró. Según relató la encargada de uno de los locales, las dificultades comenzaron a hacerse visibles antes del conflicto que terminó enfrentando a la operadora comercial con los propietarios del edificio. Tras el entusiasmo inicial de la reapertura, varios locales advirtieron una disminución sostenida de la circulación de público, especialmente en los pisos superiores y en el sector gastronómico. Con el correr de los meses, la caída del consumo impactó en distintos rubros. Durante el último año, el declive se volvió más evidente. A comienzos de 2026, cuando empezaron a circular rumores sobre una posible finalización anticipada del proyecto, varios emprendimientos gastronómicos comenzaron a retirarse. La confirmación del cierre aceleró un éxodo que ya estaba en marcha.
La preocupación no se limita a los comerciantes, también atraviesa a los trabajadores. Algunos empleados optaron por buscar nuevas oportunidades laborales antes de las definiciones oficiales. Otros continúan en sus puestos mientras esperan conocer qué ocurrirá con los locales donde trabajan. Un comerciante consultado prefirió no realizar comentarios y pidió la intervención de un guardia de seguridad cuando comenzó la conversación. “Hay incertidumbre”, resumió una de las trabajadoras. Según describen quienes siguen vinculados al complejo, la tensión aumentó a medida que crecían las versiones sobre el cierre y se profundizó cuando llegó la confirmación oficial.
La reactivación de La Favorita había comenzado tras la salida de Falabella y buscaba recuperar el protagonismo comercial de un edificio que forma parte de la memoria urbana rosarina. El proyecto contemplaba un contrato vigente hasta octubre de 2027, pero las diferencias entre la operadora comercial y la fiduciaria que representa a los propietarios derivaron en una ruptura anticipada. Ambas partes coinciden en que el vínculo contractual está extinguido, aunque mantienen posiciones enfrentadas respecto de las causas que llevaron a ese desenlace. En el centro de la disputa aparecen cuestiones como el pago del alquiler, el mantenimiento de las escaleras mecánicas y la continuidad del emprendimiento.
Mientras empresarios y abogados discuten responsabilidades, el impacto más visible se observa en los pasillos, en los bares con poca actividad, en las vidrieras que liquidan mercadería y en los trabajadores que esperan una reubicación. La actividad seguirá algunas semanas más. Los locales que permanecen todavía abren y los empleados continúan atendiendo. Pero para muchos de los que trabajan allí, la despedida comenzó antes de que se anunciara oficialmente.
