El Ejército Argentino comenzó el proceso de reemplazo del Fusil Automático Liviano (FAL), fabricado en la planta santafesina de Fray Luis Beltrán, por el sistema de asalto israelí ARAD 7, en el marco del Plan de Capacidades Militares.
El histórico Fusil Automático Liviano (FAL), producido en la Fábrica Militar de Fray Luis Beltrán, inició su proceso de relevo dentro del Ejército Argentino. La renovación, bajo el Plan de Capacidades Militares (PLANCAMIL), contempla el reemplazo gradual del armamento portátil reglamentario por el sistema de asalto israelí ARAD 7. El FAL se incorporó a las Fuerzas en la década del sesenta y se utilizó en la guerra de Malvinas.
La adquisición inicial, concretada a finales de junio mediante un acuerdo entre el gobierno argentino e Israel, comprende un primer lote de 700 fusiles ARAD de calibre 7,62 x 51 mm, desarrollados por Israel Weapon Industries (IWI). El contrato, valorado en aproximadamente 1,73 millones de dólares, incluye además 167 dispositivos de fogueo y accesorios complementarios.
Esta compra marca el inicio de una renovación profunda del armamento de las Fuerzas Armadas argentinas que, según la planificación oficial, abarcará de manera plurianual la incorporación de pistolas reglamentarias, ametralladoras pesadas, lanzagranadas de alta precisión y sistemas ópticos avanzados para equipar al Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea.
El reemplazo de los FAL está programado como una transición progresiva y por etapas. Las primeras unidades importadas desde Israel se destinarán a las distintas fuerzas para ser sometidas a verificaciones operativas, pruebas de rendimiento bajo condiciones ambientales extremas y adaptación de la doctrina de tiro de las tropas. Superada esa instancia de evaluación, se avanzará hacia una distribución generalizada.
Este hito pone fin a una era marcada por la producción local del fusil, diseñado originalmente por la firma belga FN Herstal, en la planta santafesina de Fray Luis Beltrán, donde se manufacturaron miles de piezas que prestaron servicios en diversos teatros de operaciones, incluida la Guerra de Malvinas.
El antecedente
El camino para llegar a este relevo tecnológico estuvo precedido por esfuerzos internos para actualizar el material existente. Según registros oficiales de la Dirección General de Investigación y Desarrollo (DIGID) del Ejército Argentino, a partir de 2010 se impulsó un plan para modernizar el FAL y adaptarlo a las exigencias modernas, debido a deficiencias tecnológicas críticas para los estándares actuales.
El Estado Mayor del Ejército Argentino afirmó: «El fusil FAL es un arma, rústica, confiable y segura, elemental para cumplir apropiadamente con los desafíos que presenta el combate moderno. En especial, la carencia de adecuados sistemas de puntería resulta una seria limitación para el combate, aspecto claramente comprobado en la Guerra de Malvinas. El disponer de un arma no adecuada a las exigencias operacionales actuales coloca a nuestras Fuerzas en una situación de inferioridad técnica. Para revertir esta situación, se determinó modernizar el fusil, como plataforma base para el agregado de diferentes accesorios».
Ese desarrollo, con el soporte de la Facultad de Ingeniería del Ejército (FIE) y la Fábrica Militar Fray Luis Beltrán, derivó en versiones adaptadas como el Fusil Argentino Modelo Asalto (FAMA) y el Fusil Argentino Modelo Carabina (FAMCa), equipados con rieles Picatinny y miras holográficas de origen israelí. La distribución de esos modelos modernizados comenzó en 2018 con una preserie de 300 unidades destinadas a evaluación operativa. El actual plan del Ministerio de Defensa de la Nación apunta a una renovación integral mediante la introducción directa del sistema ARAD, cerrando una página de la industria de defensa nacional.
