El informe de distribución del ingreso del segundo trimestre de 2026 muestra que en el 10% de hogares de menores recursos hay 307 personas no ocupadas por cada 100 ocupadas, frente a 38 en el decil de mayores ingresos. La relación se deterioró respecto de 2025 en el extremo inferior y se redujo en el superior.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) difundió el informe de distribución del ingreso correspondiente al segundo trimestre de 2026. Entre los datos relevados, un cuadro inferior del documento expone la desigualdad desde un ángulo distinto al habitual: la relación entre personas ocupadas y no ocupadas en los hogares según su ingreso per cápita familiar.
Cuando los hogares son ordenados por ingreso per cápita familiar, en el 10% de menores recursos se registran 307 personas no ocupadas por cada 100 ocupadas. En el mismo trimestre de 2025 esa relación era de 273. En el decil de mayores ingresos, en cambio, la relación desciende a 38 no ocupados por cada 100 ocupados. La distancia entre ambos extremos supera las ocho veces.
La categoría «no ocupado» incluye niños, jubilados, estudiantes, personas dedicadas a tareas de cuidado y otros inactivos, además de quienes no tienen trabajo y lo buscan. El indicador mide cuántas personas conviven en relación con quienes generan un ingreso laboral dentro de hogares ubicados en distintos escalones de la distribución.
Menos ocupados en hogares más numerosos
La diferencia comienza por el tamaño de los hogares. En el primer decil de ingreso per cápita viven en promedio 4,2 personas por hogar. En el décimo, 1,8. El propio INDEC advierte que los hogares de menores ingresos per cápita suelen tener una mayor cantidad de integrantes y, por ese motivo, el 10% inferior de los hogares reúne a una proporción mayor de la población.
Ese primer 10% de hogares contiene 4,33 millones de personas, el 14,4% de toda la población relevada por la Encuesta Permanente de Hogares. A medida que aumenta el ingreso per cápita, la cantidad de integrantes disminuye.
La relación entre quienes trabajan y quienes no lo hacen se deterioró respecto del año pasado: pasó de 273 a 307 no ocupados por cada 100 ocupados en el escalón inferior. En el extremo superior, donde los hogares son más pequeños, la relación se achicó: pasó de 48 no ocupados por cada 100 ocupados a 38 en la última medición.
No todos los ingresos vienen del trabajo
Otros datos del informe permiten precisar la lectura. En el primer decil hay 149 personas que no perciben ingresos propios por cada 100 que sí reciben alguno. En el último decil esa relación baja a 17.
Entre 2025 y 2026, la cantidad de personas sin ingresos por cada 100 perceptores prácticamente no cambió en el primer decil —pasó de 150 a 149—, mientras aumentó la cantidad de no ocupados.
En el decil de menor ingreso per cápita, 55,4% de los recursos proviene del trabajo y 44,6% de fuentes no laborales. En el decil superior, el trabajo explica 80,2% del ingreso y las fuentes no laborales 19,8%.
Desigualdad que el Gini no muestra por sí solo
El coeficiente de Gini fue de 0,428, apenas por encima del 0,424 del segundo trimestre de 2025. La brecha entre la mediana del 10% de mayores ingresos y la del 10% inferior permaneció en 13 veces: $1,8 millón contra $134.000 de ingreso per cápita familiar.
En promedio para los 31 aglomerados urbanos, el INDEC contabilizó 122 personas no ocupadas cada 100 ocupadas. El primer decil más que duplica ese promedio, mientras el último representa menos de un tercio.
Durante el segundo trimestre, el mercado laboral mostró otros indicadores: la informalidad llegó al entorno del 45%, el desempleo alcanzó 7,9% y aumentó la participación de ocupaciones de menor calidad. Entre los asalariados, quienes tenían descuento jubilatorio cobraron en promedio $1.433.794, contra $706.204 entre quienes no lo tenían.
La dimensión familiar de la pobreza
El cruce resulta relevante frente al último dato de pobreza: durante el primer semestre, 32,3% de la población quedó debajo de la línea de pobreza, pero la incidencia entre los menores de 14 años llegó a 44,5%.
Los universos estadísticos no son exactamente los mismos y no corresponde establecer una causalidad directa. El informe de distribución permite observar que los hogares con menor ingreso per cápita son más grandes y cuentan proporcionalmente con menos personas ocupadas. Eso hace que el ingreso generado por el trabajo deba distribuirse entre más integrantes y explica por qué las transferencias, jubilaciones y otras fuentes no laborales adquieren un peso mayor en la base de la distribución.
