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Ciudadanía solo para aptos: El cuerpo como pasaporte moral en la era Trump

Trump vuelve al ring. Entre fronteras, dietas y muros, el cuerpo se convierte en un pasaporte moral. Lo que no rinde, no entra. Lo que envejece, sobra. Lo que enferma, se borra

Por Romina Sarti*

En un contexto saturado de fake news y ridículo político, es fácil caer en la trampa de lo inverosímil. Pero no. El expresidente estadounidense, Donald Trump, propuso recientemente negar la visa norteamericana a personas mayores, con obesidad o enfermas. Como si el cuerpo fuera una amenaza para la nación o como si la biología definiera el mérito para cruzar fronteras.

Digerido el impacto, la idea no sorprende sabiendo de quién viene. El eco de esta propuesta revela algo profundamente arraigado en cierta derecha: la pretensión de un mundo reservado para quienes replican el modelo del varón blanco, joven, productivo y delgado.

Esta acción promueve el valor del rendimiento, la delgadez y la juventud. Amparados en el concepto de “carga pública”, el brazo político ejecuta el señalamiento y la exclusión de corporalidades que se tornan sospechosas, controlando las fronteras con un pasaporte sanitario y moral avalado para circular.

Lo de Trump no es una mera política migratoria; es una pedagogía del desprecio. Un recordatorio de la jerarquización corporal que sentencia que los cuerpos no valen lo mismo y que hay personas que son bienvenidas y otras que sobran. La gordura, la enfermedad y la vejez se leen como fracaso, como amenaza al orden.

El cuerpo migrante —ya vulnerado y violentado— ahora también puede ser deportado por portación de canas, de grasa o de enfermedad. El cuerpo es el campo de batalla, escenario de control y segregación.

En un mundo cada vez más hostil, el cuerpo migrante, gordo, viejo o enfermo es el enemigo perfecto: visible, medible, descartable. Resistir, a veces, es tan simple —y tan radical— como no dejarse deportar del propio cuerpo. La permanencia también es una forma de insurrección.

***

*Licenciada en Ciencia Política (UNR), militante por la diversidad corporal, anticapacitista, docente universitaria en UGR, trabajadora en la Secretaría de DDHH de la UNR. IG: @romina.sarti

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