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El agotador derrotero de un paciente al que su obra social le «frenó» la quimio

«La preocupación es constante. Todo el tiempo hablamos con mi esposa sobre cómo seguir, qué hacer, dónde defender mis derechos. Es agotador y triste. Si hoy lo hago público es porque no doy más«, dice Martín Truffa, paciente trasplantado en 2021 al que el año pasado le detectaron un cáncer linfático. Su obra social lo somete desde entonces a un derrotero injusto y agotador para autorizarle estudios fundamentales y brindarle el acceso al tratamiento que necesita. Este miércoles, el paciente todavía está esperando que le envíen la medicación para la quimioterapia que debe continuar de manera urgente, y que le suspendieron.

Martín se afilió hace años a Ospat, obra social de la actividad del personal del turf, porque en la empresa en la que trabajaba le aseguraron que funcionaba bien. En 2021, cuando tuvo un problema de salud que lo obligó a un trasplante de hígado comenzaron las primeras señales de incumplimiento. «Tuve que recurrir a la Superintendencia de Salud para que me entregaran los medicamentos postrasplante», comenta a este diario.

A pesar de algunas dificultades, «en general todo anduvo relativamente bien, hasta que el año pasado me detectaron un linfoma no Hodking. Me operaron y tuve la cobertura pero de repente cambian el sistema en Ospat y todo empieza a demorarse y a convertirse en una lucha», dice.

Para tratar el cáncer Martín tuvo que iniciar quimioterapia. La primera etapa la hizo en el Hospital Italiano de Rosario pero el procedimiento no dio el resultado esperado (algo que puede ocurrir en esta enfermedad) «y me pasan a un tratamiento más fuerte, ahí comienza la odisea«, relata.

De sanatorio en sanatorio

En octubre de 2025, realizó la primera fase de la quimio: «Tenía que hacer una por semana. Como no funcionó tienen que volver a internarme…yo no estaba bien y en el Italiano ya no me recibían porque la obra social estaba cortada. Me descontinúan además el medicamento».

De allí en más, todo fue incertidumbre y deambular de un sanatorio a otro. Fue derivado al ICR donde le realizan la primera quimio con la medicación más potente. «Tengo que decir que me he encontrado con médicos maravillosos en todos lados, comprometidos, que hacían más de lo que podían, que me consiguieron medicación de onda. Incluso en ese sanatorio no hacen quimio pero viendo mi situación comenzaron con el procedimiento para que mi salud no se deteriore».

Entre noviembre y diciembre del año pasado, lo trasladan al Sanatorio Plaza. Otra vez tuvo que recurrir a la Superintendencia de Salud y al Ministerio de la Acusación para que se respeten sus derecho como paciente trasplantado y paciente con cáncer. Ospat no hacía más que demorar y demorar la entrega de la medicación y «cada vez me pedían más y más papeles, no me contestaban el teléfono, era desesperante no poder hablar con nadie de la obra social».

Al no autorizarle análisis y estudios fundamentales para la continuidad de su terapia contra el cáncer, Martín tuvo que pagar en forma privada estudios de laboratorio y tomografías.

En ese contexto, con toda la angustia encima, con su esposa e hijos muy afectados por toda la situación, «me cortan la atención en el Plaza y me pasan al Sanatorio Laprida».

Para un paciente que tiene que hacer quimioterapia, ir de institución en institución es un caos que afecta su psiquis y su estado físico. «Cuando comenzás a adaptarte al lugar, a los profesionales, te mandan para otro lado», dice con pena, Martín.

«Voy al Laprida. Los ciclos de la quimio son de 21 días y no cumplen con los tiempos de entrega de las drogas. Otra vez ir a la Superintendencia a hacer reclamos, al ministerio…».

Sin atención presencial

Cuando me pasan del Plaza al Laprida, dice Martín, «en ese momento, el problema fue general para todos los afiliados: la sucursal de Ospat (de calle Pueyrredón y San Juan) cerró sus puertas. No hay nadie que atienda, nadie a quien llamar, intentamos por teléfono pero tampoco atienden, y cuando lo hacen, los chicos que están del otro lado y no tienen la culpa no pueden hacer nada», relata.

quimio osplad

«Es espantoso. En la cabeza todo el tiempo tenés esto. No podés pensar en nada más. Yo hago trabajo administrativo y voy porque me ayuda estar activo; mi familia me acompaña…pero hay personas que están solas, que no tienen un solo recurso para defenderse, y eso realmente me duele más», dice con empatía Martín.

«En este momento, que estoy estable, no puedo retroceder. Sé que si la quimio se demora las cosas se pueden complicar y la enfermedad puede regresar con fuerza. Tengo pendiente la entrega de los medicamentos para la quimio y ya estamos pasados en tiempo. Sigo sin novedades, y nadie me llamó».

Martín aguarda, con pena y bronca, pero ya no en silencio: «Dudaba de hacerlo público, de denunciarlo en los medios, pero no puedo seguir así».

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