(este artículo integra el dossier Reflexiones a 50 años del Golpe, que podés ver acá)
Lo que pasó el 24 de marzo de 1976 lo venía gestando desde mucho antes la clase dominante, empresarial, oligárquica y militar, que fogoneó y apoyó en toda Latinoamérica los golpes promovidos por el imperialismo yanqui para domesticar a la población y disciplinarla.
En nuestro país lo llamaron Proceso de Reorganización Nacional. Decían que venían a poner orden y “pacificar” el país. Pero el plan económico que llevaron adelante, y que continúa imponiéndose hasta el día de hoy, era un plan liberal, de entrega, de gobierno para las minorías empresariales, multinacionales, para los poderosos de siempre. Un plan que, por supuesto, implicaba una mayor opresión y explotación de la clase trabajadora y el pueblo en general.
Gestaron un plan sistemático de secuestro, represión y exterminio a todo aquel que se opusiera. Por eso decimos que concretaron un genocidio. Fueron los dictadores junto a sus ideólogos, a los empresarios, a la Conferencia Episcopal Argentina y a los traidores de la burocracia sindical.
Transformaron a la Argentina en un gran campo de concentración, sembrando el país de centros clandestinos de detención a los que llevaban a desaparecer a miles de sus oponentes.
El Estado genocida construyó a su enemigo y “eligió” a qué grupos meter dentro de esa categoría. Así persiguieron a guerrilleros, militantes de partidos políticos, obreros de las fábricas, estudiantes, periodistas, artistas, científicos, curas villeros y todo aquel que pensaba y trabajaba por una sociedad mejor, por un cambio.
La dictadura fue feroz. Reinaba la censura. No nos podíamos reunir más de tres personas en la calle. Que los varones usaran pelo largo y jeans era “subversivo”. Las fuerzas represivas paraban a los colectivos, hacían bajar a toda la gente, revisaban los documentos y a quien no lo tenía se lo llevaban. También se llevaban a quien no les gustaba su cara. Y si alguien era encontrado con un volante o algún libro también “subversivo”, directamente a los campos de concentración.
Impusieron el Plan Cóndor junto a las dictaduras de países como Chile, Paraguay, Uruguay y Brasil, con operativos en común, intercambio de prisioneros y vuelos de la muerte. Todo digitado y aprendido en la Escuela de las Américas para favorecer la entrega del país al imperialismo.
Sobrevivir y enfrentar la impunidad
El horror vivido en esos centros clandestinos es de tal magnitud que nos costó 30 mil compañeras y compañeros desaparecidos, casi 500 niñas y niños robados, mujeres violadas y torturadas en presencia de sus seres queridos, niñas y niños que vieron el secuestro de sus padres y los siguen buscando hasta hoy.
Quienes pudimos sobrevivir y volver de ese horror siempre dijimos que si nos desaparecieron por luchar contra una dictadura tremenda, aparecimos para seguir luchando. Para seguir recordando a todos los que quedaron en el camino. Para seguir junto con las Madres y las Abuelas, que nos enseñaron tanto con esa valentía y coraje, que fueron las primeras en ponerse el pañuelo blanco y rondar en la Plaza de Mayo, que recorrieron todos los estamentos del Estado buscando a sus hijos, hermanos, nietos, compañeros, amigos.
Debió pasar un buen tiempo para poder hablar. Fueron años de silencio y mucho miedo metido adentro. Y fue gracias a esa resistencia y esa lucha de ellas que logramos dar los primeros pasos. Cuando empezamos a hablar no paramos de exigir los juicios a todos los genocidas.
Ilustración Ia Ra | La Caja roja
La impunidad se fue creando desde el primer momento. Desde que Jorge Rafael Videla dijo que “los desaparecidos no están, ni vivos ni muertos, son una entidad”. Nosotros decíamos “los desaparecidos tienen que aparecer, que nos digan dónde están y quiénes son todos los culpables”.
Cuando no se pudieron hacer los juicios en el país, porque estaban vigentes las leyes tramposas de la Obediencia Debida y Punto Final del gobierno de Raúl Alfonsín, rematado con los indultos de Menem, quienes sobrevivimos viajábamos a los países donde sí se podía juzgar por las víctimas de esas nacionalidades. Dimos testimonio en Italia, en el Estado español, en Alemania. A fines de los 90 pudimos hacer los Juicios por la Verdad, que aunque no juzgaban penalmente sí nos permitían recopilar muchísima información con la que, años después, pudimos mandar a la cárcel a varios genocidas.
Muchas Madres fallecieron sin saber qué pasó con sus hijos y sin recuperar a sus nietos. Compañeras y compañeros también se fueron sin poder ver tras las rejas a sus verdugos.
El compañero Jorge Julio López fue secuestrado en 2006 tras dar su testimonio. Miguel Etchecolatz, que llegó a creerse el dueño de la vida y de la muerte, pudo planear desde la cárcel el segundo secuestro de López con complicidad de la Policía Bonaerense. Hasta el día de hoy el Estado no hizo nada para encontrar a los responsables.
Hoy la gran mayoría de los condenados, genocidas de la peor calaña que cometieron los crímenes de lesa humanidad más atroces, están con prisión domiciliaria o en cárceles VIP, atendiéndose en el Hospital Naval, entre amigos.
Y tenemos un gobierno que volvió a instaurar el negacionismo en la Casa Rosada, un gobierno lleno de fascismo, de misoginia, que pretende reivindicar a la dictadura y, si por ellos fuera, liberar hasta el último genocida. ¡No lo vamos a permitir!
La lucha continúa
El gobierno de Milei vino a sumergir a todo el pueblo en el ajuste, el hambre y la represión. Con personajes nefastos como Luis Caputo, Federico Sturzenegger y la milica Patricia Bullrich, que ya carga en sus espaldas con las muertes de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel. Por eso tenemos que salir masivamente a las calles, hasta voltear este plan.
Así llegamos a los 50 años del golpe y seguimos afirmando que no nos van a doblegar. Nuestra lucha continúa. Las próximas generaciones tienen que conocer qué fue lo que pasó y por qué luchábamos. La generación de los 70 tenía la certeza de que podíamos construir una sociedad socialista, justa. Teníamos la experiencia de luchas como el Cordobazo, cuando el pueblo salió a las calles a defender su dignidad.
Reivindico el trabajo de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos, de Adriana Calvo, de Patricia Chabat, de Cristina Gioglio, de Nilda Eloy, de Enrique “Cachito” Fukman y de tantas compañeras y compañeros heroicos que trabajaron y lucharon hasta el final por construir la Memoria, la Verdad y poder juzgar a los genocidas.
Seguimos exigiendo cárcel común, perpetua y efectiva a todos los genocidas y sus cómplices. Seguimos exigiendo que se abran los archivos de la dictadura, de todas las fuerzas represivas, eclesiásticos, judiciales, de los servicios penitenciarios y de inteligencia. Seguimos exigiendo que nos digan dónde están y qué pasó con nuestras 30 mil compañeras y compañeros detenidos desaparecidos. Seguimos exigiendo la restitución de todas y todos los niños robados a nuestras compañeras que parieron en los campos de concentración. Y seguimos diciendo que no olvidamos, no perdonamos y no nos reconciliamos.
Vamos a seguir en las calles, como siempre. Este 23 marcharemos en La Plata y el 24 en la Plaza de Mayo. Tiene que ser una marcha gigantezca. Marchemos contra todos los genocidios, el de hace 50 años pero también el que hoy se está consumando en Gaza. Nunca más un genocidio.Basta de esta guerra imperialista de Trump y Netanyahu en Irán. Fuera el imperialismo de Cuba, Venezuela y toda América Latina.
23/03/2026 11:39hs. Actualizado al 23/03/2026 12:14hs.Así como la AFA debió moverse contrarreloj para cerrar los dos amistosos luego de la cancelación de la Finalissima,...