Una familia alérgica a estos insectos debió recibir atención médica de urgencia tras un ataque y busca una solución definitiva para la colmena que anida en una pared de su casa alquilada.
Una familia que reside en el límite entre Funes y Roldán se encuentra en una situación compleja debido a la presencia de una colmena de abejas dentro de una pared de su vivienda. El pasado domingo, algunos de sus integrantes, que son alérgicos a las picaduras, sufrieron un ataque que requirió atención médica urgente en el dispensario municipal de Funes.
Los afectados alquilan la propiedad, ubicada en Casilda al 400, desde el año pasado. Al mudarse, notaron huecos en las paredes y, si bien el propietario les informó de un problema previo con abejas que había sido solucionado, la situación se repitió. «Cuando nos mudamos comenzaron a entrar a la casa entre dos, tres e incluso cinco abejas hasta que lograron tapar estos agujeros», relató Avril Moreira, de 18 años, a La Capital.
Según explicó la joven, apicultores que visitaron el lugar consideraron que la cantidad de insectos era demasiado grande para el tamaño de los huecos, por lo que estiman que se trata de una colmena de gran tamaño alojada dentro de la estructura. A pesar de haber tapado algunas aberturas, el problema persistió de manera crítica el domingo, cuando las abejas ingresaron «en bandada» mientras dos familiares alérgicos se encontraban solos en la casa.
La familia intentó contactar sin éxito a bomberos, policía y la secretaría de Medioambiente de Roldán durante el episodio, según su testimonio. Finalmente, debieron refugiarse en un auto y luego acudir al centro de salud para recibir antihistamínicos.
La situación se agravó aún más el lunes, cuando apicultores que intentaban sellar grietas en el techo sufrieron múltiples picaduras debido a la agresividad de los insectos, atribuida por la familia al calor. La actividad de las abejas se concentra entre las 15 y las 20 horas, lapso durante el cual la vivienda se vuelve prácticamente inhabitable.
«Muchos no entienden que son más de doscientas abejas y cualquiera podría morir de tantas picaduras pese a no ser alérgico a las mismas. Es realmente muy grave», expresó Moreira, quien señaló que las soluciones improvisadas, como el uso de silicona, no han dado resultado y que la familia carece de los medios para combatir la colmena por sus propios medios.
