Un grupo de expertos internacionales impulsó el cambio de denominación del síndrome de ovario poliquístico (SOP) a Síndrome Ovárico Metabólico Poliendócrino (SOMP), con el objetivo de evitar confusiones y diagnósticos tardíos.
Un grupo de expertos a nivel mundial pidió que se cambie el nombre de una afección propia de las mujeres: el síndrome de ovario poliquístico (SOP). El argumento, publicado en The Lancet, señala que la denominación actual puede ser «confusa» y llevar a diagnósticos tardíos. Este conjunto de síntomas afecta aproximadamente a una de cada diez mujeres en edad fértil y «suele malinterpretarse» debido al «excesivo énfasis que su nombre pone en los quistes ováricos y los ovarios», que no es el aspecto central de esta condición.
En realidad, se trata de un trastorno metabólico complejo y crónico que afecta al peso, la piel, el metabolismo, el sistema reproductivo y puede tener impacto en la salud mental.
Según la declaración de consenso publicada en The Lancet, el nuevo nombre será: Síndrome Ovárico Metabólico Poliendócrino (SOMP).
La ginecóloga rosarina Constanza Nazario, especialista en reproducción, explicó que llevará tiempo que el cambio de nombre impacte en los consultorios, ya que por ahora, entre los profesionales, tanto en seminarios como en congresos y en la actividad cotidiana, se lo sigue denominando como antes. De hecho, quienes promovieron la modificación señalan que pueden pasar hasta tres años hasta que el nombre nuevo sea de uso más común, tanto para profesionales como para pacientes.
«Al llamarse síndrome de ovario poliquístico puede ser que algunos médicos que no son especialistas y no conocen en profundidad esta condición puedan no diagnosticarla o no abordarla desde todas las áreas que se necesita», explicó Nazario. Entre las pacientes y la comunidad en general también puede generarse algún tipo de duda. «Es cierto, muchas lo relacionan con tener uno o varios quistes en los ovarios y en realidad es un cuadro metabólico», agregó.
El síndrome de ovario poliquístico, ahora SOMP, «no es una patología pero es una condición que predispone a ciertas patologías», mencionó Nazario. «Para llegar a un diagnóstico la persona tiene que tener determinadas características clínicas y se indican ecografías y análisis de laboratorio», detalló.
Entre las señales que los médicos tienen en cuenta para pensar en este síndrome se encuentran: alteraciones del ciclo menstrual («menstrúan cada dos o tres meses, por ejemplo»), la presencia de acné, mayor cantidad de vello (hirsutismo) y, en muchas ocasiones, sobrepeso y resistencia a la insulina. «Cuando uno pide análisis de hormonas en estas pacientes aparecen desequilibrios», señaló la ginecóloga.
En cuanto a la afectación de la fertilidad, Nazario mencionó: «En ocasiones consultan pacientes con cierto cuadro clínico y encontramos esta condición, pero no significa que no pueden lograr un embarazo. Está muy extendido en la población que puede ser así y genera mucho temor y angustia». Por eso, es muy importante la consulta para analizar caso por caso. «Hay un umbral hormonal diferente pero abordando a la paciente desde distintas disciplinas se pueden mejorar muchos parámetros», reflexionó.
«Es importante tener un panorama claro desde la adolescencia, por ejemplo, ya que a veces llegan pacientes con esta condición de larga data y allí se han ido sumando complicaciones que tienen que ver con ese desequilibrio hormonal y los efectos metabólicos en el organismo», puntualizó.
