Un sistema de juego ilegal opera en barrios de la provincia a través de cajeras de confianza que cargan crédito fiado. Cuando las deudas no se pagan, las amenazas y los disparos se convierten en método de cobro.
Un mensaje en las historias de WhatsApp avisa que están “cargando”. Esa es la puerta de entrada al casino virtual clandestino. El sistema funciona en base a una estructura de confianza: la “cajera” suele ser una mujer del barrio, conocida, que no tiene trabajo registrado y encuentra en esta dinámica una fuente de ingresos.
Según relató Juana (nombre ficticio), un familiar suyo generó una deuda de juego que no pudo pagar. El mensaje que invita a jugar aparece también en Facebook. Al haber conocimiento del otro, se genera una cadena de confianza. Cuando se acumula una deuda, se vuelve difícil de sortear.
“Cuando toca pagar y no está la plata, tenés una advertencia. En algunos casos te esperan un día más. Si la plata sigue sin aparecer, la cajera se vuelve insistente. Luego el dato le llega ‘al de arriba’ y allí los métodos cambian”, contó Juana.
La cajera tiene un monto de carga que le da “el de arriba” y carga lo que el jugador le pida. El dinero no está físicamente: lo dan fiado. El domingo cierra la cuenta para el jugador y la cajera. El lunes se cobra si se gana o se paga si se pierde. Juana explicó que su familiar cargó de viernes a domingo para intentar ganar, pero perdió sucesivamente. La deuda creció a unos 3 millones de pesos, que no podía pagar.
“Desde que esta persona no pudo pagar su deuda de juego hasta que terminó consiguiendo la plata pasaron algo más de dos semanas. La falta de pago genera recargos: en ese momento eran 10 mil pesos por día”, indicó.
Comenzaron las amenazas desde distintos números de celular. “La cajera supuestamente tiene un patrón, que es ‘el de arriba’, el que le paga a ella y ella tiene que responderle. Entonces la cajera es la que trata de cobrarle de cierta manera: de la manera que sea”, definió. “La frase fue: ‘Tal día necesito la plata porque si no voy a tu casa y te saco todo. Te saco heladera, te saco moto, te saco bicicleta, lo que tengas’”, relató.
Juana agregó que comenzaron a mandarle fotos de sus hijos, de su madre y de sus hermanos. “Una noche estábamos en casa y sentimos tres tiros, una moto aceleró. Se escuchó: ‘Pagame lo que me debes, hija de puta’”, graficó.
Para pagar la deuda, pidieron dinero prestado a un familiar. “Mi parienta volvió a jugar para intentar ganar esos 3 millones que debía, pero perdió un millón y medio más”, relató. La primera deuda se pagó con el préstamo, pero debieron sacar un crédito para devolver ese dinero. Para la segunda deuda, vendieron bicicletas, planchita de pelo, secador de pelo y secadora.
“Fue muy feo, estuvimos más de 15 días sin dormir esperando que vengan, que nos saquen, que nos toquen, que le den un tiro a los pibes, como decían los mensajes. Pero bueno, se consiguió la plata y se les pagó”, dijo.
Juana contó que la cajera cobraba un 30 o un 35 por ciento de lo que juegan sus clientes. “El de arriba” le da un monto determinado que debe rendir al lunes siguiente. “Ahí está el curro, ése es el curro. Te cargan, te cargan, te cargan, te cargan hasta más no poder. No tenés límite y eso es lo que a ellos les sirve”, explicó.
