El maracaná lomo rojo, una especie de ave extinta en Argentina desde hace décadas, podría regresar al país mediante un proyecto de conservación liderado por Aves Argentinas.
El maracaná lomo rojo se extinguió del país hace décadas. La organización Aves Argentinas impulsa un proyecto para recuperar esta especie y reintroducirla en su hábitat natural.
El coordinador de Aves Argentinas afirmó que intentar traer de vuelta a esta especie tiene una carga simbólica importante. «Recuperar y volver a incorporar a nuestra geografía una especie amenazada representa algo casi comparable a cantar el Himno Nacional o celebrar un gol de la Selección argentina», declaró.
El especialista agregó: «Como escribió el poeta John Donne, ‘la muerte de un hombre me disminuye, porque formo parte de la humanidad’. Lo mismo sucede cuando una especie se extingue: una parte del universo se pierde con ella».
El maracaná lomo rojo se convirtió en un símbolo de restauración, ciencia y trabajo sostenido. «Trabajar para traerla nuevamente a la Argentina nos genera un enorme desafío, un compromiso mayor y un orgullo infinito», resumió Bosso, coordinador de la organización.
La historia de esta especie será abordada en un encuentro en Buenos Aires que reunirá cine, conferencias y experiencias vinculadas con la naturaleza y la conservación.
Bosso también se refirió a la Reserva El Puente Verde de Aves Argentinas, ubicada en la Península de Andresito, en Misiones, a unos 70 kilómetros de las Cataratas del Iguazú. La reserva cuenta con 183 hectáreas de selva en buen estado de conservación, con palos rosas y palmitos. Allí fueron registradas 240 especies de aves y 28 de mamíferos, entre ellos aguará popé, corzuela colorada y yaguareté. «Nuestra ubicación la convierte en una pieza clave para la conectividad del Bosque Atlántico», sostuvo.
«Nuestro trabajo apunta justamente a tender un puente entre esos grandes bloques de selva para que la biodiversidad continúe conectándose», dijo Bosso. «Los proyectos serios, profesionales, compartidos y generosos multiplican enormemente las buenas intenciones. No tenemos un minuto que perder si queremos salvar el Bosque Atlántico, o al menos tener la tranquilidad de haber hecho todo lo posible por intentarlo», concluyó.
