La socióloga santafesina analizó el informe del Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina, que señala que una de cada cuatro personas no se identifica con ninguna religión, y advirtió sobre los límites de las encuestas para medir la experiencia religiosa.
La publicación del primer informe del Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina, elaborado por el Observatorio de las Creencias en Argentina (OCREAR) de la Universidad de Buenos Aires, volvió a poner en discusión el mapa religioso del país. El estudio concluye que el catolicismo continúa siendo la religión mayoritaria, con el 57,7% de adhesión, mientras que el 22,4% de la población se define sin filiación religiosa, convirtiéndose en el segundo grupo más numeroso del país. Además, el trabajo destaca el crecimiento de las iglesias evangélicas y un proceso de transformación generacional en las identidades religiosas.
Para analizar estos resultados, El Litoral dialogó con la socióloga santafesina Cecilia Capovilla, doctora en Estudios Sociales por la Universidad Nacional del Litoral e integrante del Centro de Estudios sobre Diversidad Religiosa y Sociedad (CEDIRS) de la Universidad Nacional de Rosario, donde investiga las relaciones entre religión, espiritualidad y vida cotidiana.
“Antes de hablar de los resultados puntuales, me parece importante discutir este tipo de instrumentos para estudiar la religión. Las experiencias religiosas son muy diversas y muchas veces no encajan en categorías rígidas. Cuando se intenta medir la religión únicamente a través de estadísticas, se corre el riesgo de simplificar un fenómeno mucho más complejo de lo que los números pueden mostrar”, afirmó Capovilla. La investigadora señaló que muchas personas que responden no tener afiliación religiosa sostienen creencias, realizan prácticas espirituales o participan de distintos espacios religiosos, por lo que la categoría “sin religión” no siempre implica ausencia de creencias, sino formas más flexibles o menos institucionalizadas de vivir la espiritualidad.
Capovilla aclaró que no cuestiona la utilidad de las encuestas, pero llamó a interpretar sus resultados con cautela. “Hay que complementarlas con preguntas de carácter cualitativo y con muestras que permitan captar mejor la diversidad existente. En este caso estamos hablando de una encuesta realizada sobre 904 casos para representar a todo el país. Eso me parece insuficiente para reflejar la enorme diversidad religiosa argentina”, sostuvo.
El informe de la UBA, elaborado entre febrero y marzo de 2026, se presenta como una encuesta probabilística nacional y reconoce un margen de error de 3,3 puntos porcentuales. Para Capovilla, “no podemos pensar al campo religioso argentino como una realidad homogénea. Cada región tiene características históricas, culturales y religiosas propias. Cuando se resume toda esa complejidad en un único dato nacional, existe el riesgo de invisibilizar dinámicas locales fundamentales para comprender cómo se vive lo religioso en distintos contextos”.
Consultada sobre la afirmación del informe respecto a una transformación estructural en las identidades religiosas del país, Capovilla declaró: “Esa afirmación es parcialmente cierta, pero simplifica un proceso mucho más complejo. Es verdad que disminuyó la identificación con el catolicismo y crecieron tanto los grupos evangélicos como las personas que dicen no tener afiliación religiosa. Pero eso no significa una desaparición de lo religioso”. Según la socióloga, las búsquedas espirituales siguen presentes, aunque muchas veces por fuera de las instituciones tradicionales.
“La diversidad religiosa en Argentina no es nueva. Es constitutiva de nuestra historia. Los inmigrantes que llegaron entre fines del siglo XIX y comienzos del XX no eran solamente católicos; también había protestantes, judíos, musulmanes, espiritistas y otros grupos que construyeron instituciones y comunidades que perduraron en el tiempo”, explicó Capovilla. A su entender, durante décadas predominó una mirada que identificó religión con catolicismo y que invisibilizó otras expresiones de fe. “Lo que hoy observamos no es el surgimiento de la diversidad religiosa, sino una mayor visibilización de esa diversidad y cambios en las formas de pertenencia e identificación. El catolicismo sigue siendo el grupo más numeroso y conserva una presencia institucional importante, pero convive con una pluralidad de creencias y prácticas que hoy son mucho más visibles”.
Los datos del Barómetro muestran que, mientras el catolicismo alcanza el 57,7% de las adhesiones, el conjunto de personas sin filiación religiosa llega al 22,4% y los evangélicos representan el 17,4%. Además, el estudio sostiene que el cambio religioso está fuertemente impulsado por un proceso de reemplazo generacional.
En relación con la reciente reforma de la Constitución de Santa Fe, que eliminó la referencia al catolicismo como religión oficial, Capovilla declaró: “Puede interpretarse como un paso hacia una mayor neutralidad del Estado frente a las distintas creencias y como un reconocimiento de la diversidad religiosa existente en la provincia. Sin embargo, por sí solo no garantiza una separación efectiva entre religión y política”. Para la socióloga, el desafío es más profundo: “El Estado debe mantener una relación equitativa con todos los grupos religiosos y también con quienes no profesan ninguna religión. Lo importante es evitar privilegios o niveles diferenciales de influencia para determinados actores. Por eso, más que un punto de llegada, esta reforma es un punto de partida que obliga a repensar cómo se construye la relación entre Estado, religión y ciudadanía en una sociedad plural”.
Lejos de interpretar el fenómeno como un simple avance del secularismo, la especialista invitó a observar una realidad más compleja. Las estadísticas muestran cambios evidentes en las formas de identificación religiosa, pero detrás de esos números conviven trayectorias personales, búsquedas espirituales, tradiciones familiares y nuevas formas de construcción de sentido. En un país históricamente asociado al catolicismo, la diversidad religiosa parece menos una novedad que una realidad que comienza a hacerse visible con mayor claridad.
