El economista Dante Sica afirmó que los acuerdos internacionales reducen la discrecionalidad de la política pública y que las industrias tradicionalmente protegidas deben reconvertirse hacia las cadenas de valor de la energía y la minería. Fue durante su participación en Experiencia Idea Rosario.
El economista Dante Sica, exministro y actual presidente del Advisory Board de ABECEB, expuso en Experiencia Idea Rosario su análisis sobre la economía argentina en el contexto de transición. Sica sostuvo que los acuerdos internacionales que el país está firmando «le bajan la discrecionalidad a la política pública» y que las industrias protegidas deben reconvertirse.
Durante su presentación, Sica reseñó el cambio de régimen económico e institucional que busca «blindar a la Argentina de sus propios ciclos de inestabilidad política». Aseguró que el escenario global cambió respecto del inicio del siglo XXI y que la globalización unipolar guiada por la eficiencia de costos «ha quedado atrás».
En materia de comercio internacional, señaló que «hoy la eficiencia no es lo que prima las relaciones comerciales» y que factores como la seguridad del abastecimiento y el control de las cadenas de valor, especialmente en inteligencia artificial, «es lo que está marcando el comercio». Explicó que las grandes potencias priorizan la resiliencia de sus cadenas de suministro ante el envejecimiento demográfico y el desacople de Occidente respecto de China en el procesamiento de minerales raros, concentrado en un 85% en Asia.
Sica indicó que este replanteo genera una oportunidad para América Latina, que aparece como «una zona pacífica y proveedora clave de soluciones». Para la Argentina, mencionó la puesta en valor de sus ventajas comparativas en minerales raros, energía, agroalimentos, servicios basados en el conocimiento y una plataforma industrial con recursos humanos calificados.
En cuanto a la inserción global, contrastó que el Mercosur operaba tratados de libre comercio con menos del 10% del PIB mundial, mientras que el acuerdo con la Unión Europea y los avances con Estados Unidos elevan ese acceso al 35%, con potencial de llegar al 40%. Sobre el acuerdo con la UE, afirmó que «para un país como Argentina, en especial violador de reglas de juego, de defaulteador serial… un acuerdo con la Unión Europea, que es una especie de benchmarking de los marcos regulatorios a nivel mundial, nos daba como decir, bueno, mira, vamos a respetar este tipo de reglas».
También describió la adhesión a la OCDE como un «sello de calidad importante para aquellos que tienen que buscar inversiones en Argentina» y defendió la necesidad del RIGI, dado que en el pasado se han violado marcos normativos de largo plazo, como la ley minera en 2004.
El economista advirtió que los acuerdos no garantizan el éxito automático: «El acuerdo no es una ventana de prosperidad inmediata. Un acuerdo lo que abre es una puerta». Puso como ejemplo la rápida acción argentina para obtener las primeras cuotas de arroz y maní hacia la UE, gracias a que las empresas estaban preparadas y el sector público implementó antes que Brasil la autocertificación de origen.
Sica señaló que la transición de régimen económico alterará los precios relativos y las rentas entre sectores. «En muchos sectores con los temas de inflación, regulaciones, no vendían, despachaban», sostuvo. Y se preguntó: «¿Me conviene seguir siendo proveedor del sector textil, que era un sector que crecía en base a protección, subsidios o tengo que empezar a mirar la cadena de energía y minería que son grandes demandantes de bienes de capital?».
Afirmó que las industrias tradicionales protegidas deben reconvertirse y mirar hacia las cadenas de valor de la energía y la minería, que requerirán una inmensa masa de proveedores de bienes de capital y servicios.
Por último, destacó el componente de desarrollo del interior del país. Mencionó los ejemplos de Techint en Vaca Muerta, que generó 14 pymes locales de metalmecánica y servicios para su primer pozo de gas; el boom inmobiliario en Neuquén y Tucumán motorizado por la minería del norte; y la necesidad de Mendoza de transformar 50.000 hectáreas excedentes de vides en cultivos de frutos secos u olivos para exportar a Europa.
Sica concluyó que «todos tenemos que hacer las tareas hacia adentro» y que «hay una gran responsabilidad de los estados provinciales por cómo se está desplegando la inversión. La competitividad no solo es un tema del Estado nacional, empieza a ser un tema de los estados provinciales».
