Una ciudadana argentina fue detenida en el aeropuerto de Haneda, en Tokio, tras hallarse en su organismo más de un kilo de cocaína distribuida en 101 cápsulas.
Una argentina fue detenida en Tokio por llevar más de un kilo de cocaína en el interior de su cuerpo. La mujer, identificada como Rosa Micaela Kipildor, de 30 años, fue arrestada en el aeropuerto de Haneda luego de aterrizar en un vuelo procedente de Londres.
Según informó el medio japonés FNN, Kipildor llevaba 101 cápsulas de cocaína alojadas en su aparato digestivo. Los envoltorios, con forma de pequeños capullos, medían aproximadamente 5,2 centímetros y estaban confeccionados con una doble capa de plástico y caucho negro, un sistema utilizado para impedir que el contenido entrara en contacto con el organismo durante el traslado. En total, las cápsulas contenían 1,01 kilos de cocaína, cuyo valor estimado en el mercado minorista japonés rondaría los 152.160 dólares.
El hallazgo se produjo durante los controles de rutina en la terminal aérea. Los agentes aduaneros detectaron que la pasajera se comportaba de manera extraña y, ante la sospecha de que pudiera estar transportando estupefacientes dentro de su cuerpo, ordenaron su traslado a un hospital. Allí le realizaron una radiografía que permitió detectar cuerpos extraños alojados en su estómago.
De acuerdo con su declaración, una mujer a la que había conocido en un festival realizado en Argentina fue quien le propuso participar de la operación. Como contraprestación, le habría ofrecido un pago de 7000 dólares una vez concretada la entrega. Esa persona, a su vez, la habría puesto en contacto con un hombre que le dio instrucciones sobre el viaje y el destino del cargamento.
La argentina aseguró que recibió la droga en Brasil, donde posteriormente ingirió las cápsulas antes de emprender el viaje hacia Japón. La investigación busca ahora establecer quiénes participaron de las distintas etapas del traslado y determinar si detrás de la operación existe una organización internacional dedicada al tráfico de cocaína entre Sudamérica y Asia.
Los investigadores japoneses intentan identificar a la persona que entregó el cargamento en Brasil y a quien debía recibirlo en Japón. También procuran establecer la identidad de los organizadores y reconstruir el recorrido de la droga hasta su llegada al aeropuerto de Haneda. El caso puso nuevamente bajo la lupa el uso de “mulas”, personas que “cargan” en su cuerpo los estupefacientes para cruzar las fronteras.
El procedimiento no está exento de riesgos para quienes transportan la droga. La ruptura de alguno de los envoltorios puede provocar una intoxicación grave o incluso la muerte por una sobredosis, además de las complicaciones médicas asociadas a la permanencia de los paquetes en el aparato digestivo.
Japón mantiene una política especialmente estricta frente al tráfico de drogas y los controles en sus principales aeropuertos son rigurosos. Según datos citados en el marco de la investigación, durante 2025 se registraron 415 arrestos vinculados con la tenencia de cocaína, una cifra que viene creciendo año tras año y que refleja el aumento de la circulación de esta sustancia en el país.
El caso de Kipildor tiene además un antecedente reciente que involucra a otra ciudadana argentina detenida en Asia. En marzo de 2025, Eleonora García, de 46 años, fue arrestada en el aeropuerto internacional Ngurah Rai, en Bali, Indonesia, después de que las autoridades encontraran más de 244 gramos de cocaína ocultos en un preservativo dentro de su cuerpo.
García había llegado a la isla en un vuelo procedente de Dubái y fue interceptada a partir de una alerta de inteligencia recibida por la Agencia Nacional de Narcóticos de Indonesia. Durante el proceso judicial, la mujer reconoció haber participado del traslado y su declaración permitió avanzar sobre otra persona vinculada con la operación: el británico Elliot James Shaw, de 50 años, señalado como destinatario del cargamento.
Un tribunal de Bali condenó a García a siete años de prisión. Shaw, por su parte, recibió una pena de cinco años y medio de cárcel y una multa de 1.000 millones de rupias, equivalente entonces a unos 61.386 dólares.
Los dos episodios muestran la participación de ciudadanos argentinos en operaciones de traslado de cocaína hacia destinos asiáticos y son ahora parte del contexto que las autoridades japonesas tienen en cuenta para determinar si el caso de Kipildor se trata de una operación aislada o si forma parte de una estructura de mayor alcance.
