Antonio Centeno, activista por los derechos de las personas con discapacidad, explicó en una entrevista con Clarín qué es la asistencia sexual y por qué la considera un derecho.
Antonio Centeno, licenciado en matemática y activista por los derechos de las personas con discapacidad, defendió la figura del asistente sexual como un derecho. Centeno, que quedó tetrapléjico a los 13 años tras un accidente en una pileta, es miembro del Foro de Vida Independiente y Diversidad de España y cofundador de la Oficina de Vida Independiente de Barcelona.
En diálogo con Clarín, Centeno definió al asistente sexual como “un trabajador que da apoyo instrumental” y aclaró que “no es alguien con quien tener prácticas sexuales, sino alguien que te permite tener prácticas sexuales contigo mismo o con otra persona que no sea el asistente”.
Según Centeno, la asistencia sexual se diferencia de otros trabajos sexuales porque “es un derecho”. Argumentó que el acceso sexual al propio cuerpo es un derecho positivo, ya que los poderes públicos tienen la obligación de garantizar los apoyos necesarios para materializarlo.
El activista señaló que la regulación de esta figura enfrenta obstáculos debido al debate general sobre el trabajo sexual y a la percepción social que infantiliza a las personas con discapacidad. “Reconocernos como seres sexuales supondría romper con ese esquema infantilizador”, afirmó.
En cuanto a la formación de los asistentes, Centeno sostuvo que no debería ser un requisito previo, sino un derecho de la persona trabajadora y de la usuaria. “La clave es que esté bien repartida la responsabilidad y que se equilibre el juego de poder”, explicó.
Finalmente, Centeno indicó que el placer en general no es un derecho positivo, pero sí lo son los apoyos concretos que lo hacen posible, como la educación sexual o la asistencia sexual. “Necesitamos generar más discurso, más elementos culturales”, concluyó.
