A través de un comunicado, la Cancillería condenó los ataques atribuidos a la milicia hutí contra territorio saudí y expresó su solidaridad con el gobierno de Arabia Saudita.
El gobierno de la República Argentina manifestó su postura en favor del Reino de Arabia Saudita en el marco del conflicto con el grupo Ansarolá, conocidos como hutíes.
A través de un comunicado oficial, la Cancillería rechazó «las agresiones armadas hacia el territorio saudí» y respaldó la estabilidad regional en Medio Oriente.
El mensaje de la Cancillería, a cargo de Pablo Quirno, «condena en los términos más enérgicos los reiterados ataques perpetrados por la milicia hutí contra ciudades y población civil de Arabia Saudita los días 8, 15 y 16 de septiembre».
El texto agrega que «considera que estas agresiones son inaceptables, injustificadas y contrarias a los principios fundamentales del derecho internacional».
«El Gobierno argentino expresa su solidaridad con el pueblo y el Gobierno de Arabia Saudita y reafirma su rechazo a toda forma de agresión que vulnere la soberanía de los Estados y amenace la estabilidad y la paz en la región de Medio Oriente», cierra el comunicado.
Quirno acompañó el comunicado en redes sociales: «La República Argentina condena los ataques contra el territorio y civiles saudíes».
El ministro de Desregulación de la Nación, Federico Sturzenegger, había elogiado el martes la economía y gestión de Arabia Saudita. «¿Cuánto empleo creará el boom energético? Arabia Saudita es un buen ejemplo para mirar. Allí cada empleo en energía genera 100 empleos en el resto de la economía. Acá explico por qué. Argentina será próspera. MAGA. VLLC!», escribió en X.
La manifestación formal del gobierno argentino se podría conectar con su rechazo a la República Islámica de Irán. Los hutíes pertenecen al Eje de la Resistencia iraní, que incluye también a Hamás, Hezbollah y fuerzas iraquíes, milicias que mantienen un rechazo a la existencia del Estado israelí y acompañan la disputa por la hegemonía en Medio Oriente entre estados islámicos. La lucha de fuerzas e influencias combina aspectos sociales y económicos, una diferenciación entre suníes y chiíes, como también entre árabes y persas.
