El artista mendocino, fallecido a los 96 años, integró junto a Lino Enea Spilimbergo, Antonio Berni y Juan Carlos Castagnino un grupo central del realismo social argentino. Su obra atravesó el exilio y la desaparición de su hija Paloma durante la última dictadura.
Carlos Alonso, pintor nacido en Mendoza en 1929, falleció este sábado a los 96 años. La noticia fue confirmada por fuentes del ámbito cultural. Alonso integró, junto a Lino Enea Spilimbergo, Antonio Berni y Juan Carlos Castagnino, un grupo de artistas que marcó el desarrollo del realismo social y el neorrealismo en la Argentina del siglo XX.
Formación y primeros años
A fines de la década del 40, Alonso dejó su provincia natal y se trasladó a Tucumán atraído por la transformación que Lino Enea Spilimbergo impulsaba en la escuela de arte de esa provincia. En 1950 continuó sus estudios en el Instituto Superior de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán junto a Spilimbergo, Pompeyo Audivert y Lajos Szalay.
Spilimbergo se convirtió en una referencia central para Alonso, tanto por su rigor artístico como por su posición ética e ideológica y su concepción del lugar del artista frente a la realidad.
Esa experiencia lo acercó a un grupo de figuras que marcarían el arte argentino del siglo XX. Alonso, Spilimbergo, Antonio Berni, Juan Carlos Castagnino y Ramón Gómez Cornet comenzaron a encontrarse en el Noroeste argentino para trabajar, intercambiar experiencias y discutir problemáticas de la región. Los encuentros se repitieron especialmente en Río Hondo y Santiago del Estero, donde trabajaban en contacto directo con la gente y el paisaje del interior. Una fotografía tomada en Río Hondo en 1958 registró uno de aquellos encuentros.
Trayectoria y reconocimientos
En 1953 Alonso realizó su primera exposición individual en la Galería Viau de Buenos Aires. Ese mismo año viajó a Europa, donde conoció obras de Diego Velázquez y Vincent van Gogh. En 1957 obtuvo el primer premio del concurso de la editorial Emecé para ilustrar la segunda parte de Don Quijote de la Mancha. En 1965 volvió a Europa becado por el gobierno francés y se instaló en París; desde allí recorrió España e Italia. En Florencia trabajó sobre La Divina Comedia, de Dante Alighieri.
Participó en 1960 de la II Bienal de México y realizó numerosas muestras individuales y colectivas en el país y en el exterior. Entre las distinciones que recibió se encuentran el Segundo Premio de Dibujo del Salón Nacional de Córdoba en 1962, la Primera Mención de Dibujo del Premio Braque en 1963, el Primer Premio de Grabado del Salón Dante Alighieri de Mendoza en 1968 y el Premio Konex de Platino en 1982 y 1992. En 2019 el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una exposición retrospectiva.
La violencia sobre los cuerpos y la serie sobre Spilimbergo
La muerte de Spilimbergo, el 16 de marzo de 1964, tuvo un impacto profundo en Alonso. A partir de 1967 comenzó a mostrar públicamente una extensa serie de retratos de su maestro, en una exposición en Art Gallery International de Buenos Aires. Esos retratos fueron particularmente crudos: en uno de ellos Spilimbergo aparece sentado sobre una cama común, con el colchón hundido bajo su peso, acompañado por un perro en una modesta casa-taller. Según se consignó, esa representación generó cuestionamientos entre algunos compañeros del Partido Comunista, que consideraban que podía afectar la dignidad del maestro.
Durante los años 60, la obra de Alonso registró de manera cada vez más directa una sociedad atravesada por conflictos. A finales de esa década inició Lección de anatomía, serie inspirada en Rembrandt en la que abordó la violencia ejercida sobre los cuerpos y su relación con el poder. Esa preocupación apareció también en sus trabajos sobre El matadero, de Esteban Echeverría.
Dictadura, exilio y la desaparición de Paloma Alonso
La última dictadura transformó la vida de Carlos Alonso. El artista debió abandonar la Argentina y marcharse al exilio, primero en Italia y después en España. En 1977, su hija Paloma Alonso, de 21 años, fue secuestrada por el aparato represivo y permanece desaparecida. Esa pérdida modificó profundamente su producción. Entre las obras más reconocidas de ese recorrido aparece Manos anónimas, una serie dedicada al terrorismo de Estado y a las formas de la violencia política.
Regreso y vida en Unquillo
Alonso regresó a la Argentina en 1980 y, finalizado su exilio, se radicó en Córdoba. En Unquillo instaló su casa y su taller, y las sierras comenzaron a ocupar un lugar cada vez mayor en su pintura. En esa localidad participó años después en la creación del Museo de Arte Contemporáneo de Unquillo, donde realizó una de sus últimas exposiciones, dedicada a su vínculo con el paisaje de Córdoba.
Sus obras forman parte de las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y del Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel de Mendoza, entre otros espacios.
