El álbum debut de la banda neoyorquina cumple medio siglo y sigue siendo un emblema de la rebeldía musical. Te contamos cómo cuatro jóvenes de Queens cambiaron la historia del rock.
En 1974, cuatro jóvenes de entre 24 y 25 años vivían en Forest Hills, un barrio de clase media en Queens, Nueva York. Jeffrey Hyman, John Cummings, Douglas Colvin y Thomas Erdelyi compartían la pasión por la música y un contexto social marcado por la crisis económica, el desencanto tras la guerra de Vietnam y la agitación política. Se juntaban en bares de ambiente variado, vestían camperas de cuero, camisetas rotas y zapatillas gastadas, y ensayaban en el sótano de un edificio, donde el portero les permitía usar el espacio a cambio de una botella de whisky barato.
Fue entonces cuando adoptaron el apellido Ramone como seña de identidad: Jeffrey pasó a ser Joey (voz), John se convirtió en Johnny (guitarra), Douglas en Dee Dee (bajo) y Thomas en Tommy (batería). Con ese nombre comenzaron a tocar en bares de la incipiente escena punk, destacando en el legendario CBGB, donde dieron 74 conciertos que solían durar menos de 20 minutos. Su sonido rápido, ruidoso y directo atrajo a un público fiel y llamó la atención del mánager Danny Fields, quien les consiguió su primer contrato discográfico.
En 1976 grabaron su álbum debut, titulado simplemente Ramones. La portada los muestra en un callejón del Bowery, detrás de un bar, y esa imagen se volvió icónica. El disco, con canciones veloces y de estructura simple, rompió con los estándares del rock de la época, priorizando la energía y la actitud por sobre el virtuosismo. Joey Ramone lo resumió con la frase: «Tocá desde el corazón y seguí tu instinto».
A 50 años de su lanzamiento, Ramones sigue siendo una referencia ineludible del punk-rock, un grito de guerra que resiste el tiempo y que marcó a generaciones enteras.
