Una nota publicada en 2022 por el diario La Capital sobre el tamaño promedio del pene según el país sigue siendo consultada a diario. Especialistas consultados desestiman la validez de estos rankings, aunque reconocen que es una de las consultas más frecuentes entre varones.
Una nota publicada el 28 de abril de 2022 por el diario La Capital sigue siendo consultada entre los lectores casi a diario: la misma hacía referencia a una investigación en la que se había determinado el tamaño promedio del pene de acuerdo al país de origen del varón.
Según los datos, la longitud media mundial de un pene erecto es de 13,58 centímetros (cm). Desglosado por países, el tamaño promedio más grande fue de 17,61 cm en Ecuador y el más pequeño fue de 10,01 cm en Camboya. Argentina aparece en el puesto en la posición 31º del ranking.
Muchos especialistas en urología consultados por La Capital en estos años han desestimado como válidos este tipo de datos, tablas o rankings o clasificaciones, aunque también han admitido que es una de las consultas más frecuentes en los hombres rosarinos.
Lo que sucede a nivel sexual es uno de los temas que más preocupa a las personas.
El tamaño del pene o de la estima sexual
Savoini, psicóloga y profesora universitaria, analizó: «Muchas palabras podrían representar las motivaciones que subyacen a la búsqueda de datos duros, valga el juego de palabras, para referir a datos numéricos, cuantificaciones y estadísticas que permitan medir y comparar la dimensión de orgullo o frustración que implique el resultado. Quede claro que no se trata de centímetros de un órgano corporal, es el tamaño de la estima sexual».
Comparación, competencia, reafirmación, validación de la propia “hombría” o de la del partenaire, inmersos en representaciones sociales y expectativas de masculinidad, se «esconden» detrás de estas búsquedas en internet.
«Ya lo decía Joan Manuel Serrat en su canción Algo personal…a ver quién es el que la tiene más grande…», expresión «que denota una cuestión de poder», sin dudas, señala la sexóloga.
En nuestra cultura, el tamaño del pene, «como el tamaño de todo aquello que lo represente, es una cuestión de mostrar poderío. Es la representación simbólica del poder».
¿Es signo de potencia sexual?
¿Que un pene tenga determinado tamaño, es indicador de potencia sexual, de placer, de un buena relación sexual? «En lo personal hay que preguntarse, ¿de qué poder hablamos? En este caso es poder demostrar la valía de la masculinidad, o lo que culturalmente se sobrevalora como indicador de masculinidad, de “virilidad”, basado en un sistema de creencias que pondera los atributos biológico-genitales, como signo de potencia sexual», analiza Savoini. En lo que a la perfomance sexual se refiere «hay muchos mitos», destaca.
Machos alfa
La sexóloga hace otra reflexión desde la perspectiva de género. «Desde una lectura de las relaciones de poder entre los géneros, debemos advertir que el “machismo” afecta no solo a las mujeres y minorías sexo genéricas sino también a los varones, incluso a los varones hetero que responden al modelo hegemónico normativo, porque sobre ellos recaen con todas sus fuerzas los mandatos de masculinidad y expectativas de desempeño al modo de “machos alfa”, entre lo cual está el de tener una buena performance sexual».
Entre los mitos que componen ese buen rendimiento sexual se encuentra el mito del “boy scout”: la creencia (irracional y sin fundamento científico) de que un varón siempre tiene que estar listo y dispuesto a mantener relaciones sexuales. Además, la creencia de que en un encuentro heterosexual el varón debe “satisfacer” sexualmente a la mujer, y que esa satisfacción depende de su capacidad para el coito (penetración).
Firmeza y tamaño, bajo la lupa
La creencia de que la virilidad, detalla la experta, depende fundamentalmente de tres variables es eso, una creencia. Esos aspectos que se consideran fundamentales (y no lo son en realidad) son: la firmeza de la erección, el tiempo de latencia intravaginal (duración del coito), y por supuesto, el tamaño del pene.
«Esto se ve reforzado por la industria pornográfica tradicional, en donde el acento está puesto en la genitalidad como única fuente de placer erótico».
El deseo depende de otras cosas
Savoini comenta que en la vereda de enfrente de esos mitos y creencias culturales «podemos afirmar que el deseo y la actitud ante los estímulos sexuales (erotofilia) es muy variable en personas de todos los géneros, y que por tanto una configuración de sexo biológico XY, o la presencia de genitales masculinos, no implica necesariamente disponibilidad permanente para el erotismo, ni altos niveles de deseo sexual».
Por otro lado, la satisfacción sexual, más allá del placer efímero del orgasmo, es un sentimiento de bienestar relacionado a la propia sexualidad, y abarca muchas más variables que el coito, implicando cuestiones emocionales, cognitivas, de comunicación, y aun en el nivel físico del intercambio erótico hay estímulos que erotizan tanto o más que la penetración y que involucran todo el cuerpo, no sólo los genitales.
Mucho más que un pene
«La piel, como el órgano más extenso y sensible, abarca todo nuestro ser y registra estímulos en toda su extensión. Lo que se dice, lo que se toca, cómo se toca, los besos, la respiración, las caricias y toda forma de estimulación sensorial, junto con las fantasías y la conexión emocional, provocan vivencias eróticas que un pene aislado jamás podría lograr, no importa qué tamaño tenga».
Las autoexigencias en el terreno sexual son tan importantes en los varones, que cuando tienen o creen tener dificultades en ese orden, esto afecta la autoestima y el desempeño en todas las otras esferas de la vida, menciona la sexóloga, y agrega: «Cognitivamente, procesan la frustración en el campo sexual como una devaluación de su masculinidad que los cohíbe para desarrollarse en otras áreas. Nuestra cultura les ha enseñado que su valor empieza por allí, y por lo tanto, si sienten que no pueden estar a la altura en lo sexual, no pueden con nada más».
Savoini da un paso más y ve muy favorable el hecho de que se despliegue la construcción de nuevas masculinidades que «no sólo nos conduce a una sociedad más justa y a la equidad en términos de género, sino que también libera a los propios varones de mandatos que a veces les impiden fluir y disfrutar del erotismo en todas sus dimensiones, dentro de las cuales el pene y su performance, es sólo un detalle».
