La historiadora Camila Perochena y Francisco Reyes debatieron en Cauces sobre identidades políticas y el futuro de la democracia. Perochena sostuvo que en Argentina persisten identidades programáticas, aunque más volátiles y faccionalizadas, y que el consenso democrático entre 1983 y 2003 fue un paréntesis en la historia argentina.
La historiadora Camila Perochena y Francisco Reyes debatieron en Cauces sobre identidades políticas y el futuro de la democracia. Perochena es doctora en Historia por la UBA, magíster en Ciencia Política por la Universidad Torcuato Di Tella, donde dirige los posgrados en Historia, y profesora en Historia por la Universidad Nacional de Rosario. Es columnista semanal en el programa Odisea Argentina.
Durante el debate, Perochena afirmó que en Argentina siguen existiendo identidades políticas programáticas. «Todavía los candidatos, los presidentes, piensan en términos de programas. Hay políticos peronistas, más proteccionistas, más nacionalistas, a lo que se opone un discurso más liberal», declaró. Sostuvo que, en un contexto internacional de identidades más volátiles, el país mantiene cierta dimensión programática.
La historiadora señaló que las identidades políticas no se definen solo por programas. «Para conformarla tenés que tener un conjunto de ideas, pero también símbolos, representaciones», explicó. Indicó que en 2001 hubo un reseteo que conformó dos identidades nuevas: el kirchnerismo y el Pro. A partir de 2021, en la post pandemia, surgió un nuevo reseteo con la identidad libertaria o la nueva derecha.
Perochena describió que estas identidades actuales se constituyen de manera más faccionalizada y polarizada que las que se pensaban entre 1983 y 2003. «Se parecen mucho más a la forma en que se configuraban identidades políticas en el siglo XIX y XX», dijo.
Consultada sobre la singularidad de estas identidades, Perochena sostuvo que tanto el kirchnerismo como el mileísmo se construyen desde una lógica facciosa y polarizada, que concibe al adversario como un enemigo. «Desde esa perspectiva, no hay lugar para la negociación: el adversario debe ser derrotado por completo, porque el proyecto propio solo puede imponerse en un juego de suma cero», afirmó. Agregó que esa concepción, visible en el kirchnerismo desde el conflicto con el campo, fue retomada e intensificada por Milei. Según Perochena, es una forma de entender la política que la transición democrática había intentado superar. «Aunque Alfonsín y Menem tuvieron profundas diferencias, ambos concibieron la política sobre una base común de consensos y diálogo», declaró.
Respecto del consenso democrático post 1983, Perochena manifestó que el actual es diferente, aunque cabe discutir hasta qué punto es realmente democrático. «Sin duda, el que predominó entre 1983 y 2003 fue mucho más pluralista», sostuvo.
Sobre el surgimiento de terceras fuerzas como el ARI o el Frepaso, la historiadora indicó que esas alternativas intermedias hoy tienen dificultades y han fracasado. «En el Congreso entre el 83 y 2019 hay terceras fuerzas, pero claramente hay un bipartidismo más marcado, donde hay un polo peronista y un polo no peronista. Emergen terceras fuerzas, sobre todo después de la crisis del 2001, pero que después son absorbidas», explicó. Añadió que hoy hay un escenario más fragmentado, de tercios, y que el mileísmo surgió como una de esas terceras fuerzas y luego se convirtió en una fuerza mayoritaria.
En relación con Provincias Unidas, el intento más reciente de construir una alternativa de centro, Perochena afirmó que las identidades políticas más facciosas y polarizadas generan una dinámica que termina erosionando a las terceras fuerzas. «No estoy segura de que el electorado esté necesariamente tan polarizado, pero los dirigentes de centro tienen dificultades para encontrar un espacio», declaró. Explicó que el debate político se organiza en términos facciosos y que los medios y las redes premian los discursos más polarizados. «La lógica algorítmica y del «me gusta» favorece a quienes movilizan emociones, especialmente el enojo. Los discursos complejos, matizados y moderados tienen menos impacto que la crispación», sostuvo. Señaló que es un fenómeno mundial y que Argentina no es una excepción.
Perochena recordó que en varios países latinoamericanos, durante buena parte de los siglos XIX y XX, predominó una cultura política facciosa y polarizada que alcanzó a Europa y Estados Unidos, donde durante el consenso de posguerra, a partir de 1945, sus dirigentes tendían a ser más consensualistas. En Argentina, en cambio, la lógica de la Guerra Fría atravesaba el debate interno, expresado en la división entre peronismo y antiperonismo y en conflictos que llegaron a resolverse mediante golpes de Estado y la lucha armada. «En ese sentido, la cultura política facciosa no es una novedad en nuestra historia», afirmó.
Consultada sobre si el consenso entre 1983 y 2003 fue una excepción en la historia argentina, Perochena respondió: «Esa política basada en consensos y denominadores comunes fue excepcional: constituyó un paréntesis en nuestra historia».
Sobre la década de 1930, indicó que también fue conflictiva: en 1932, Alvear fue proscripto y no pudo presentarse a elecciones. La violencia política era habitual y, desde 1935, se sumó el fraude electoral. Señaló que en la historia argentina hubo pocos períodos de consensos claros. Uno de ellos fue la Argentina liberal, entre 1853 y 1910. «Como señalaba Halperin Donghi, Argentina nació liberal. A diferencia de México y otros países latinoamericanos, no hubo aquí guerras entre liberales y conservadores ni un partido conservador fuerte, en parte porque la Iglesia tenía menos peso y presencia», explicó. Agregó que los dirigentes sostenían posiciones diversas, pero todos se reconocían como liberales, aunque pertenecieran a corrientes distintas. «El liberalismo de Sarmiento no era el mismo que el de Mitre, Alberdi, Roca o Juárez Celman. Aun así, compartían una base común: el desarrollo del país requería exportar materias primas, recibir inmigrantes, extender los ferrocarriles y hacer de la escuela un motor del progreso», declaró.
En cuanto a la Constitución de 1853, Perochena recordó que sigue vigente, aunque fue reformada varias veces. «Perón impulsó una reforma profunda en 1949 porque consideraba liberal la Constitución de 1853; en 1957, esa reforma fue revertida», dijo. Sostuvo que hoy no existe aquel piso común de acuerdos de la Argentina liberal y resulta difícil identificar consensos básicos. «Vaca Muerta podría ser uno: existe acuerdo sobre la necesidad de explotarla, pero no sobre cómo hacerlo, como muestra el debate en torno al RIGI. Tampoco hay consenso sobre el modelo de desarrollo, la política económica, la educación, la salud ni el papel del Estado», afirmó.
Sobre Malvinas, mencionó que es otro tema donde hay consenso. «Debe ser de los pocos consensos súper transversales, pero cómo construir el Estado o qué hacer con la economía es mucho más esquivo», declaró.
Consultada sobre si es posible cambiar esta lógica en Argentina sin que cambie a escala mundial, Perochena respondió: «No veo una vía clara para recuperar una política más transaccional y consensualista. No se debe solo al contexto mundial: la forma actual del debate público también dificulta ese regreso». Agregó que para lograrlo debería cambiar la esfera pública, pero su transformación depende de avances tecnológicos tan rápidos que escapan al control de los partidos y aún no se pueden comprender plenamente. «Me cuesta imaginar hacia dónde va este proceso porque no está claro cómo se configura esa esfera pública, quién controla los algoritmos ni qué impacto tendrá la inteligencia artificial», sostuvo.
En relación con el desinterés de la gente por involucrarse, Perochena dijo: «Puede haber más apatía, pero también influye que la política sea hoy más difícil de comprender». Explicó que antes resultaba más claro cómo funcionaban la política, el Estado y el capitalismo, tanto para los ciudadanos como para quienes estudiaban estos fenómenos. «Ahora, pocos entienden hacia dónde se dirige el capitalismo, y quienes lo comprenden están muy por delante de quienes intentamos analizar la sociedad y la política», afirmó.
Sobre la falta de líderes, señaló: «Por un lado, influye el desinterés ciudadano; por otro, la opinión pública, el electorado y la sociedad son mucho más volátiles. Un líder puede captar y expresar ese estado de ánimo en un momento determinado, como hizo Milei, pero se trata de un clima cada vez más cambiante y fugaz».
Respecto del sentido de pertenencia, Perochena manifestó: «Hoy las identidades políticas son mucho más lábiles, mucho más débiles, se esfuman mucho más rápidamente». Citó al politólogo Gerardo Scherlis, quien muestra que en las elecciones de América Latina desde 2020 hasta ahora, aproximadamente el 80% de los partidos que las ganan son partidos nuevos y que cuando esos líderes salen del poder, la gran mayoría de esos partidos se disuelven. «Es decir, las identidades políticas son mucho más débiles y más fugaces porque la lealtad del electorado es más fugaz», afirmó.
Sobre la dificultad de los oficialismos para reelegir, Perochena indicó que salvo en Paraguay y México, en el resto ganaron las oposiciones. «Es parte del mismo fenómeno. A los oficialismos les cuesta reelegirse porque las identidades políticas son más fugaces: en un momento logran representar a la opinión pública, pero esta cambia rápidamente y el gobierno no siempre se adapta a esa transformación», explicó. Concluyó: «Las lealtades partidarias que caracterizaron al siglo XX, como la adhesión al peronismo o al radicalismo, pertenecen al pasado».
