Los fundadores de Fila1, Juan San Martín y Javier Cuello, desarrollaron una plataforma que combina transmisión directa de audio, procesamiento digital y transcripción en tiempo real para mejorar la comprensión del habla en personas con hipoacusia. El proyecto, que surgió en 2018, esperó ocho años hasta que la inteligencia artificial permitió su concreción.
En 2018, Juan “Cana” San Martín y Javier Cuello concibieron una idea que en ese momento no podían materializar: mejorar la comprensión del habla para personas con pérdida auditiva sin aumentar el volumen del sonido. Ocho años después, con el avance de la inteligencia artificial, la convirtieron en Fila1, una plataforma que combina transmisión directa de audio, procesamiento digital y herramientas de transcripción en tiempo real.
Según explicaron los impulsores, el problema no radica en el volumen sino en el ruido. En ambientes con múltiples fuentes sonoras, música de fondo o reverberación, amplificar todo el sonido puede dificultar aún más la comprensión. Por eso, el sistema recibe el audio directamente desde la fuente, lo procesa y lo distribuye al dispositivo del usuario, y puede ofrecer subtitulado en tiempo real.
De acuerdo con estimaciones citadas por los responsables del proyecto, unas 450.000 personas conviven con distintos grados de discapacidad auditiva en la Argentina. Muchas de ellas pueden escuchar sonidos pero tienen dificultades para comprender palabras, especialmente en entornos ruidosos, lo que puede afectar su participación en conferencias, clases, consultas médicas o espectáculos.
Los creadores sostienen que el desafío no es únicamente tecnológico sino también cultural. Durante mucho tiempo, afirmaron, la accesibilidad fue pensada como una adaptación excepcional para un grupo reducido de personas, y la intención es avanzar hacia esquemas en los que la inclusión esté incorporada desde el diseño mismo de la experiencia. Por eso, el sistema fue concebido para funcionar en espacios educativos, culturales, recreativos y laborales.
El desarrollo coincide con un momento de madurez tecnológica: herramientas de reconocimiento de voz, procesamiento de lenguaje natural e inteligencia artificial generativa permiten hoy resolver desafíos que años atrás habrían requerido infraestructura prohibitivamente costosa o resultaban irresolubles. Para los impulsores, esa convergencia abrió una ventana de oportunidad que no existía cuando imaginaron el proyecto por primera vez.
El objetivo es seguir sumando experiencias y ajustes antes de ampliar su alcance. Mientras tanto, los fundadores continúan aferrados a la misma idea que dio origen al proyecto: que escuchar no siempre significa comprender y que la verdadera inclusión no consiste en hacer que el sonido sea más fuerte, sino en lograr que el mensaje finalmente llegue.
