La Santa Sede desarrolla el proyecto Fratello Sole en Santa Maria di Galeria, una planta fotovoltaica de 119 MW que combina generación eléctrica y producción agrícola. El ingeniero santafesino José Stella explicó a El Litoral los alcances de la iniciativa.
La Santa Sede avanza con la construcción de una planta fotovoltaica en Santa Maria di Galeria, una propiedad ubicada en las afueras de Roma, según informó el ingeniero electricista santafesino José Stella en un análisis compartido con El Litoral. El proyecto, denominado Fratello Sole, contempla una potencia de 119 megavatios (MW), una superficie de 53 hectáreas para los paneles y una inversión inicial cercana a los 90 millones de euros.
Stella, docente universitario y especialista en gestión energética, señaló que la demanda eléctrica directa de la Ciudad del Vaticano se ubica entre 29,9 y 34,17 gigavatios hora (GWh) por año. Al incorporar otras dependencias vinculadas con la Santa Sede, como Radio Vaticana y el Hospital Pediátrico Bambino Gesù, la necesidad total podría alcanzar aproximadamente los 160 GWh anuales. En ese escenario, la generación superaría la demanda estimada en unos 43 GWh anuales.
“De concretarse las previsiones, la planta tendría capacidad para generar más electricidad que la demanda estimada”, sostuvo el especialista. No obstante, aclaró que los valores corresponden a proyecciones, ya que la planta debe completar su desarrollo y construcción.
El objetivo de autoabastecimiento no implica necesariamente desconectarse de la red eléctrica italiana. “Cuando decimos que un país, una ciudad o una empresa puede abastecerse completamente con energía renovable, no necesariamente significa que pueda desconectarse de la red eléctrica”, explicó Stella. La generación fotovoltaica depende de la radiación solar, por lo que durante la noche no produce electricidad y en días nublados su rendimiento disminuye. “Para resolver esta situación hacen falta redes eléctricas, sistemas de almacenamiento, intercambios de energía y fuentes de respaldo”, agregó.
El Vaticano mantendría así su integración con el sistema eléctrico italiano: en determinados momentos podrá incorporar energía de la red y, cuando la producción supere sus necesidades, entregar el excedente. La iniciativa busca que parte de esa electricidad sobrante también beneficie a servicios públicos del territorio italiano.
La tecnología elegida se conoce como agrovoltaica y permite utilizar una misma superficie para generar electricidad y mantener actividades agrícolas. En Santa Maria di Galeria se proyectan paneles elevados aproximadamente 2,5 metros del suelo, con estructuras móviles que permiten orientar los módulos para aprovechar mejor la radiación solar. Stella destacó que la sombra generada puede reducir la evaporación del agua, moderar la temperatura del suelo y proteger determinados cultivos frente a condiciones climáticas extremas. “No todos los cultivos responden de la misma manera. Hay que estudiar qué especies se adaptan mejor, cómo influye la sombra en su crecimiento y cuál es el rendimiento económico de cada combinación”, advirtió.
El proyecto contempla continuar con producciones como trigo, cebada, avena y leguminosas. “La energía y la producción de alimentos no necesariamente tienen que competir por el uso de la tierra”, resumió el ingeniero.
Francisco impulsó el proyecto mediante el documento Fratello Sole, firmado en junio de 2024. La iniciativa trasladaba al terreno de las inversiones una preocupación que había expresado en la encíclica Laudato si’, de 2015. La Santa Sede firmó en julio de 2025 un acuerdo con Italia para desarrollar la planta, que entró en vigor en mayo de 2026. Un mes después, León XIV creó formalmente la Fundación Fratello Sole para gestionar su construcción y funcionamiento. También se firmó un acuerdo de cooperación con la empresa energética ACEA.
Para Stella, la experiencia tiene una lectura que excede los límites vaticanos y alcanza a territorios productivos como Santa Fe. “No se trata de copiar el proyecto del Vaticano. Las condiciones económicas, climáticas, productivas y territoriales son diferentes”, aclaró. El especialista consideró que establecimientos agropecuarios capaces de generar electricidad sin abandonar la producción de alimentos e industrias que aprovechen superficies disponibles para reducir costos energéticos representan alternativas que merecen estudiarse.
